Búsqueda blog.com.es

Archivos de: Octubre 2007, 20

Ya nadie muere de amor...

por entresijos @ 2007-10-20 - 08:41:14

.

Mujer andaluza

Cuando se casó, Rosita, se fue a vivir a la ciudad de su marido, en la árida estepa castellana, tan seca y poco fertil como resultó el hombre al que se había unido. Aunque él la amara, vacío de sexo iba a estar el lecho, silencio perenne cubría la mesa y los besos se fueron muriendo y ella comenzaría a marchitarse. Pero no era de las que se cogen una mala vida y se la callan. Así un día, como cualquier otro, y sin importarle el escándalo del Bembibre del siglo pasado, ni que la llamaran lagartija, llenó dos maletas, con sus vestidos de seda y no olvidaría los zarcillos y se fue a vivir en la casa que le había heredado su tía en Sevilla.
Al entrar tras los portales de la propiedad le llamaría la atención ver el jardín tan cuidado donde estallaban los malvones y el hortal rebozante de perales. Penetró en la frescura de las habitaciones y a su paso todo estaba pulcro, de la misma manera que quedara cuando a Encarnación, la tía, se la habían llevado en caja de nogal. Con cierta impaciencia y asombro, Rosita, buscaría la habitación de la Encarna y casi se cae hacia atrás al ver a su tía zurciendo ropa.
- ¿ Cómo?- atinó a preguntar.
- No abras así los ojos, mi niña- le dijo su tia- que sí, que me he muerto, pero sigo andando por aquí, a tu espera.
- ¿ Y como sabíais que yo vendría?- volvió a interrogar Rosita.
- Porque te sé que no eres mema y que no ibas a ir a parar al camposanto por la indiferencia de un marido, como fue mi destino.
_ Entonces ¿ ha sido por eso que me heredaste esta casa en el barrio de Santa Cruz? - siguió inquiriendo Rosita
- Claro!!! que juntas nos llevaremos de maravillas, pero solas sin hombres, al menos por un tiempo...
- Qué va tía que ni quiero nombrarles. Pero lo que no acabo de entender es como te has salido de tu tumba...
- Cuando una mujer muere de amor, no la apresa el terral para siempre y se escapa sin que nadie la vea y la tome por fantasma. Que si me tocas verás que estoy en carne y hueso; pero tu saldras a por las compras que no quiero que nadie murmure de mí y la noticia corra como aroma de pan recién horneado.
Fue así que Rosita se quedó con la tía hasta que un atardecer de otoño, Encarnación se fue de la vida y esta vez en serio, quizás porque la sobrina, con su cintura estrecha y sus ojos de noche de luna, había conocido a un libre pensador que le arrancaba gemidos entre las sábanas y le metía las manos bajo la falda en la cocina. Y las risas ahogadas no dejaban descansar a la tía.

Cuidaos hombres, que ya no hay mujeres que mueran de amor, que señores los hay muchos y amores a montones.
Os lo dice Anna, desde sus entresijos,


 
 

Pie de página

El contenido de esta web pertenece a una persona privada, blog.com.es no es responsable del contenido de esta web.