
Hube de perdonar errores casi imperdonables,
traté de sustituir personas insustituíbles y de olvidar seres inolvidables. Por tiempos lo logré,en otras épocas, para mi quebranto, no.
Pensando hice cosas por impulso y
me decepcioné con algunos y habrá otros que se sintieron sin mi cuando me necesitaban.
Abracé para proteger cuando no me lo pidieron. Me reí cuando no debía y, amargamente, lloré cuando nadie lo esperaba.
Amé y me amaron, aunque también me rechazaron.
Grité de felicidad, viví de amores que no me dieron e hice juramentos que no cumpliría.
Me enamoré de una tristeza y pensé que iba a morir de nostalgia por no tener correspondencia.
Sentí miedo de perder a alguien especial y concluí abandonándole,
pero sobreviví y sigo en la senda de la vida, haciendo un balance que intenta ser un mensaje.
Continuaré yendo a la lucha con pasión, perderé cuando sea preciso y venceré con osadía en tanto conserve mis fuerzas, porque el mundo pertenece a quien se atreve y la vida es un hecho que nada lleva de insignificante.
Alguien escribió algo muy parecido en su sentido y ése fue Charles Chaplin. Yo lo uso, hoy, con palabras que me son propias,como resumen de un año y deseos de esperanzas para una Navidad inminente y un Nuevo Año que no puede negarse. En mi Noche Buena, pensaré en mis cuatro abuelos y sus cuatro diferentes religiones, sin quedarme con ninguna y sí comeré las doce uvas, al fin de la Noche Vieja, porque es mi tradición y quisiera compartirlas con vosotros.
Anna de los entresijos a sus amigos, desde el mar.
Por unos días os dejaré, mi nueva morada me precisa.














