
Pronto, cuando llegara su próximo hermano, el Joaquín, Rafael extrañaría a su madre que en súbito tiempo dejó de estar con él y en una pequeña ciudad de muertos iba a habitar. Nadie creería que el niño iba a comprender, más él todo entendió y vió a su madre dormida, encerrada en un sueño sin límites, aunque reparador, pues ella se había casado casi una niña y desde ese instante no habría de tener un solaz, un descanso, ninguna paz bajo un chopo, sino hasta que la muerte que la cubrió con un manto de luces blancas y un viento aleve que parecía un séfiro, desde ese día que todos acudieron a la casa, vestidos de negro. Rafael vio a su progenitora envuelta en blancas nubes, sin presencia, y continuó recibiéndola en sueños y fabulaciones, como las que un huérfano ve. Asunta, su tía, aún sin casamiento, pero bella y joven, se ocuparía de ellos. Fátima, Mauriño, él y
Áurea fueron los hijos que nunca nadie le engendraría a aquella hermana de su madre...por el momento en que la desgracia sucedió y Parra, su padre enviudó ¿ Qué qué cosa es la viudedad para un hombre de buen talante y deseos de sexo cuándo una mujer se marcha a la laguna Estigia?
Como este texto lo he dedicado a él, enteramente, continuaré diciéndole:
"Si ésta no es, en exactitud, tu historia, mucho se le asemeja, o es la que yo imagino"
Anna en Troya, en una tarde de frío intenso.














12.01.08 @ 20:37